LOCALES

Sobre el tema del Centro Educativo San José

Por Willian Baldayaque

Una sociedad se forma por varias instituciones que ayudan a mantener el orden y la convivencia: la familia, la religión, la economía, el gobierno y, muy importante, la educación. En Montecristi todos sabemos que el Centro Educativo San José, antes llamado Colegio San José, ha sido siempre un ejemplo, una institución respetada y admirada por todos.

Desde joven, aunque estudié en el Liceo José Martí, siempre vi el Colegio San José como un centro modelo. No porque fuera para una clase social más alta, sino porque los que estudiaban allí sabían que pertenecían a un lugar donde el respeto y la disciplina eran la base de todo. Recuerdo que muchos estudiantes que no se adaptaban a esas normas terminaban en el liceo, y hoy, curiosamente, muchos de ellos son padres que eligen ese mismo centro para llevar a sus hijos.

Las Hermanas Mercedarias siempre fueron firmes y coherentes con sus métodos. Nunca cedieron a la presión, y los padres de los estudiantes entendían que esas reglas eran parte del proceso de formar buenos ciudadanos, con valores y carácter y podríamos citar muchos profesionales que han salido de ese centro, que hoy son modelos en la sociedad, en el país y en el mundo.

Ayer, durante una reunión con padres y amigos del centro, estuvo presente Sor Elvira Minaya, Superiora Provincial de la congregación, que abarca seis países: República Dominicana, Haití, Panamá, Perú, Puerto Rico y Cuba. Ella explicó que están en un proceso de reestructuración, lo que implica mover algunas misiones a lugares donde sean más necesarias.

Dijo claramente que Montecristi no está fuera de esos cambios, las Hermanas necesitan el apoyo de los padres y de toda la sociedad montecristeña. Ellas sienten que en los últimos años ha habido poco respaldo de las familias y de la comunidad hacia el colegio, y eso ha influido en las decisiones que hoy se analizan. La permanencia del Centro San José en Montecristi dependerá mucho de la actitud y el compromiso de las familias. Si la congregación entiende que su presencia no es valorada o necesaria, podrían trasladar su misión a otro lugar donde se les necesite más.

Sor Elvira también destacó con orgullo los más de 80 años de historia del Centro San José, y el gran número de hombres y mujeres formados allí, que hoy son ejemplo en la sociedad. Dijo que eso demuestra el valor del trabajo de las Hermanas Mercedarias, siempre guiadas por los valores cristianos y por Cristo Redentor.

En conclusión, fue clara al decir que la identidad católica del centro y sus principios no están en negociación con nadie y quien forme parte del San José debe aceptar esa identidad y vivir bajo esos valores. De lo contrario, las puertas siempre estarán abiertas para quien decida seguir otro camino.

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